JOSEBA ETXEBARRIA

HISTORIA Y FAQ

QUIÉN FUÍ

La Infancia. Llegaba a una familia numerosa de clase media el 10 de febrero de 1965, el sexto de ocho hermanos. Antes lo habían hecho Angel, Ana, Marisol, Iñaki y Merche, Zuriñe y Ander llegarían después. Mis padres, Plácido y Maria Angeles, 'Placi' y 'Angelita' para los amigos. Dos personas con fuerte y muy diferente personalidad, pero con algo en común: gente luchadora. Según mis hermanos mayores, fui un bebé que llamaba la atención por lo gordito que estaba.

La Niñez. Esta etapa fue convulsa. Los desajustes en la familia y el comienzo de los abusos sexuales comenzaron a hacer mella en alguien que no entendía lo que estaba sucediendo.

 

Recuerdo bastante bien esta etapa de mi vida y me sirve para entender perfectamente el drama que viven muchos niños y niñas -demasiados ya- con quienes convivo durante en el viaje.

La Adolescencia. La separación de mis padres, sumada a la temprana muerte de éste (53), dieron paso a un desajuste en los estudios y una rebeldía mal encauzada, pero lo suficientemente necesaria como para poner fin a los abusos sufridos durante años por quien en el pasado había decidido ejercer de padrino llegado el momento.

 

Recuerdo esta etapa más de lo que quisiera y trabajo diariamente para que siga sin afectarme en lo personal. Me sirve para entender la situación de muchos chavales y su rebeldía. La suelo utilizar, principalmente, para hacerles ver la importancia de las formas a la hora de tomar una decisión a esta edad.

La Juventud. Como en tantos otros casos, fue un cúmulo de errores. Puede que no en cuanto a ideas, pero sí en la continuidad de las formas. Tenía claro lo que necesitaba hacer, pero no disponía ni de la valentía ni de los medios para llevarlo a cabo. Y menos mal que no pude dar el paso en ese momento.

 

Esta etapa me sirve ahora para diferenciar y entender los tiempos, ser paciente con éstos y mantener mi propósito.

La adultez, primera etapa. Aquí, para no variar, seguí cometiendo errores, con el agravante de que ya era capaz de diferenciar los de peso de los comunes. El nacimiento de Unai, mi primer amor, dio paso a ese primer gran error que sufrirían otros: un matrimonio sin amor. Separación y divorcio tras doce años de relación. Seguía a cuestas con mis errores.

Esta etapa me sirve desde hace años para entender que, aunque en ocasiones duela, se debe ceder el espacio a quienes, equivocados o no, tienen la necesidad de poner en práctica sus decisiones. También para avergonzarme lo suficiente ante quienes se han visto afectados por mis errores no comunes.

La adultez, segunda etapa. Fue en ésta, ya con cuarenta y cinco años, cuando decido dar el gran paso e intentar hacer, dentro de mis posibilidades pero con la experiencia de una vida nada sencilla, porque las necesidades y derechos de otros al menos sean tenidos en cuenta.

En esta etapa llega el nacimiento de Iker, a quien literalmente me roban de las manos. Mi segundo gran amor y razón para seguir con más convicción y fuerza con esta lucha pacífica.

● Esta etapa, junto a las anteriores, me sirven para ser quien soy.

“La fotografía me ha acercado a miles de personas, pero la humildad nos ha permitido conocernos”.

QUIÉN SOY

Soy quien se ve y a quien se lee en esta web. Alguien con total convicción y respeto por lo que hace. Una persona tranquila, en constante aprendizaje, que hace diariamente por mantener su pasión, lealtad y honestidad. Alguien nacido de los errores propios.

Soy alguien que intenta que su trabajo cuente una historia real, que en muchos casos daña el corazón pero reactiva el alma. Alguien que se siente bien conectando a personas de dispares rincones del planeta. Alguien que necesita escuchar que sigue habiendo humanos haciendo por otros humanos. Alguien con la obligación de recordar que hay personas a quienes realmente se les ha dado la espalda. Soy alguien a quien le gusta hablar de la vida, esa que se vive desde la misma altura que otros.

Desde que tome la decisión de iniciar esta lucha pacífica, mi cámara de fotos y mi bicicleta se han convertido en mis compañeras de viaje, mi tienda de campaña en mi hogar y esas personas que ni siquiera cuentan para evaluar la miseria de la que forman parte, en mi propósito.

Sobre la vuelta al mundo

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¿Cuántos países has visitado?


De momento son noventa y siete los países que he visitado en mis diferentes viajes. A muchos he repetido la visita. Hasta la fecha (octubre de 2020) he llegado en bicicleta a veintiocho de ellos.




¿Por qué viajas?


Viajo para comprender, para sentirme libre, para descubrir y descubrirme cada día, para confirmar la realidad. Viajo porque en mi caso también es un deber.




¿No te cansas de viajar?


Hasta el día de hoy no.




¿Has pasado miedo en algún momento?


Esta pregunta me la hacen bastante a menudo y siempre respondo con esta frase: 'Quien vive con miedo no obtiene recompensa'. Miedo no, pero algunos de los lugares donde llevo a cabo mi labor sí me obligan a vivir en alerta.




¿Cuánto tiempo llevas con la vuelta al mundo?


Ésta es otra de las preguntas típicas y aunque en ocasiones da rabia que sea una de las primeras, lo entiendo. En base a la insistencia con esta pregunta tomé la decisión de incorporar esta información en la cabecera de la web, que actualizo en el mismo momento que las noticias.

Inicié el viaje el 22 de mayo de 2010 pero un problema en la rodilla izquierda me obligó a paralizar el proyecto en 2014 cuando me encontraba en Costa de Marfil. Hasta entonces fueron 1.495 días montado sobre dos bicicletas: Maravilla y Libertad. El 2 de junio de 2020, ya recuperado totalmente del problema físico, retomé el viaje junto a Khmaw, mi nueva compañera.




¿En algún momento has pensado en abandonar?


Esta pregunta es una constante en las entrevistas y siempre respondo lo mismo. Durante los primeros años de viaje fueron muchos, pero muchos los días que pensé en hacer un 'alto indefinido', ya no sólo por la dificultad que conlleva realizar un viaje en las condiciones económicas en las que lo estoy haciendo yo, sino por la cantidad de duras historias que cargamos con nosotros. La verdad es que hay días en los que la falta continuada de comida, sumada al agotamiento físico y psíquico, terminan por desbordar a uno, pero el recuerdo de estas gentes, de su situación y lucha diaria, además de la experiencia acumulada durante tantos años, me están sirviendo para llevar esto de otra manera.




¿Cómo financias la vuelta al mundo?, porque hace falta mucho dinero para llevar a cabo un viaje así


Viajo sin dinero acumulado. Lo que tengo en los bolsillos es lo que dispongo para seguir avanzando. No hay más, ni en bancos ni en ningún otro lugar. Duermo en mi tienda de campaña y los gastos de los visados, de las reparaciones en la bicicleta y alguna comida, los cubro gracias a la venta de algunas de mis fotografías que a su vez también ayudan a otras personas con quienes convivo durante el viaje. Cada fotografía publicada en el portofio ofrece esta información. También lo consigo gracias a algunos donativos de amigos y seguidores. Realizar el viaje en bicicleta y sin dinero me permite mirar a esta gente desde la misma altura, compartiendo su hambre y entendiendo perfectamente sus necesidades básicas. En la web hay información sobre las diferentes opciones para apoyarnos.




¿Cuáles son los problemas a los que sueles enfrentarte en el viaje?


Son muchos, prácticamente a diario, pero todos con una solución detrás. Los que peor llevo son los que llegan en las solicitudes de los visados. Cuando uno viaja en la forma y motivo por el que lo hago yo, lo hace a sabiendas de que todo puede suceder. Y muchas veces sucede. Esto es algo que uno debe asumir antes de iniciar su viaje. Luego, la experiencia te enseña a aceptar los problemas y buscar las soluciones con calma. Por ejemplo en Sierra Leona fueron varios e importantes y también hubo solución para ellos. Lo cuento en el blog.





Sobre fotografía

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¿Estudiaste fotografía?


Realicé tres cursos de iniciación con tres fotógrafos pero no estudié fotografía. Soy autodidacta.




¿Cuándo te iniciaste y por qué?


La verdad es que mi relación con la fotografía comenzó de una forma un tanto rara. Era algo que ni me había planteado. Comenzó cuando David, un compañero de trabajo, se compró una nueva cámara. Él era un apasionado de la fotografía y posterior revelado, y pronto me contagié de su pasión. Me compré la misma cámara que él, una Nikon FG20. Puede que en los inicios utilizara la fotografía para sosegar los duros años de mi niñez y adolescencia porque me aportaba tranquilidad. Lo que sí tengo claro es que aquella utilidad inicial se convirtió en pasión cuando decidí encaminarla hacia lo humanitario. Siento que estoy en deuda con la vida por esta oportunidad.




¿Qué pretendes transmitir con tu fotografía?


Es una de las dos preguntas que más me gustan porque la respuesta es breve y directa. Intento que mi fotografía transmita, principalmente, la humildad con la que viven su situación esas personas a las que el mundo ha dado la espalda.




¿Por qué fotografía humanitaria y retrato de viaje?


Es mi pregunta preferida. Fotografía humanitaria porque hace años entendí que la abundancia de la que yo formaba parte se debía a las carencias de millones de personas. Porque me siento en deuda con ellos. Porque tengo en mis manos un arma tan poderosa que incluso puede llegar a darles esa voz que por derecho les corresponde. Porque debemos aunar fuerzas para terminar con la indiferencia. Porque es un deber. Al menos en mi caso, el retrato va totalmente ligado a la fotografía humanitaria porque existe una convivencia y preocupación por la situación de éstos. El retrato de viaje puede expresar perfectamente la situación y necesidad del individuo a través de su expresión, de sus arrugas y especialmente de su mirada.




¿Cómo definirías al fotógrafo humanitario?


​A mí me gusta decir que de alguna forma somos uno más de los tantos guardianes de los Derechos Internacionales de aquellos a los que se les vulnera. A mi entender, fotógrafo humanitario es aquél que, bajo el más absoluto respeto a la dignidad de la persona o grupo de personas, intenta prevenir o poner fin, a través de sus imágenes, a las violaciones reales de los Derechos Internacionales. Hacemos fotografía para atraer la atención de personas o grupos con el fin de que se cambien comportamientos y se respete el Derecho Internacional humanitario.




¿Tu condición de fotógrafo te ha causado problemas en algún país?


Es cierto que en muchos países, principalmente aquellos con falsa democracia o dictadura, las personas que llegamos con intención de informar sobre la situación de los ciudadanos o del propio país, no somos bien recibidos por parte de los gobiernos. Más aún cuando hablamos de Derechos Humanos. Por norma general, cuando entras en un país suelen preguntarte a qué se debe tu visita y yo siempre respondo con la verdad. Durante la vuelta al mundo en la que estoy innerso, son varios los puestos fronterizos en los que he sido interrogado después de responderles que viajo con un proyecto personal por los Derechos Humanos, pero antes o después siempre obtengo el permiso de entrada. Por poner un ejemplo, entré en Sierra Leona en el año 2014 y estuve un mes y veintitrés días recorriendo el país, de izquierda a derecha y de norte a sur, intentando localizar algún ex niño soldado de la guerra civil para escuchar su historia personal. Lo conseguí, pero eso me costó ser sometido a treinta y tres interrogatorios, de entre cuatro y ocho horas, por posible vinculación al grupo terrorista Al Shabab. Esto lo cuento en dos posts en mi blog.




¿Con qué lentes trabajas?


Suelen llamarme loco bastante a menudo porque la lente con la que más cómodo me siento es la 10-20 mm, que ni mucho menos se acostumbra a utilizar para retratos. Es la que más utilizo porque necesito hacer mi trabajo lo más cerca posible de esta gente. Además nunca disparo la cámara en las primeras horas de convivencia, por respeto y porque con los años he aprendido a que todo llega si tiene que llegar. Esto a ellos les genera esa tranquilidad tan necesaria para que la imagen transmita lo que pretendo.




¿Cómo consigues esas expresiones tan naturales?


Esta pregunta va ligada a la anterior. Además de lo anteriormente dicho, convivo con ellos en sus chozas, en la calle y esquinas con la misma humildad que ellos. Trabajo junto y para la gente más humilde que hay en el planeta. Por lo general, almas convencidas de que lo tienen todo perdido. Personas con problemas reales, muchos con difícil solución, que la mayoría de nosotros seríamos incapaces de soportar unos días. Familias que saben son indiferentes para el resto del mundo. Ellos necesitan saber que su imagen servirá al menos para que el mundo sepa que ellos también son parte de él. Y yo me preocupo de que tengan la certeza de que así será. Mejor o peor, pero hago por cumplir mi palabra. Alrededor del 95% de mis fotografías las tomo mientras convivo con ellos en su entorno natural. El viaje lo estoy llevando a cabo sobre una bicicleta, lo que me permite entrar en sus vidas suavemente, sin presión. La convivencia nos permite mirarnos a los ojos con respeto, incluso conocernos íntimamente. Esta forma de actuar me permite conectar con ellos y que nos vean a la cámara y a mí como​ lo que somos: amigos.




¿Cómo consigues contactar con las personas y llegar a conocer sus historias?


Esta es la pregunta que con más frecuencia me hacen. Tengo mi forma de operar antes de decidir a qué zona del país dirigirme. Es arriesgada pero me funciona. Obviamente, antes de entrar en un país me informo sobre su situación, pero para confirmar la veracidad de ésta, en los pasos fronterizos terrestres suelo pedir a los policías que me indiquen en el mapa las zonas con menos recursos. Y la mayoría suele hacerlo sin problemas. En casi todos los países que visito, principalmente aquellos en los que el inglés no es la lengua oficial o secundaria, suelo acudir al periódico de más tirada del país, o del estado, para proponerles una entrevista o reportaje que después cargo conmigo en la bicicleta para darle, en su momento, el uso que corresponde. Además de esto, siempre realizo las paradas en pequeños pueblos o aldeas con pocos habitantes. Suelen ser los más humildes de la zona que previamente me han indicado en el paso fronterizo. Pero por lo general necesito que dispongan de escuela. Es entonces cuando doy utilidad a esos recortes de periódico que cargo conmigo. Un alto porcentaje de la gente con la que convivo no sabe leer o escribir, o sencillamente ninguna de las dos opciones. Las visitas a escuelas son parte imprescindible del viaje, ya no sólo por conocer de primera mano la cantidad de niños sin escolarizar, también porque necesito de los profesores para conectar con los niños y resto de habitantes que se acercan a la escuela para conocer al loco que ha llegado al pueblo sobre una gran bicicleta. En muchos casos los profesores no hablan inglés, o sí pero muy básico, y los recortes de periódico son el medio para que entiendan bien el motivo de mi visita, de mi viaje. Una vez que la gente ha entendido la razón que me lleva hasta ellos, varias personas o familias se ofrecen a compartir conmigo su día a día, su historia, su situación y necesidades. Siempre dejo que sean los propios profesores quienes decidan junto a quiénes voy a convivir. Por norma general, éstos conocen bien la situación de cada niño o niña y su familia, principalmente la de aquellos que sufren los problemas más serios. Durante los días que convivo con la persona o familia, los profesores suelen visitarme a menudo para confirmar que todo va bien y ayudarme con la labor. Es un proceso bastante laborioso, pero el esfuerzo merece muy mucho la pena. ¡Vaya que sí merece!





El fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria agradece a Kuperkic Forum su apoyo al proyecto Hacia el Sur, la vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos.
El fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria agradece a Orbea su apoyo al proyecto Hacia el Sur, la vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos.
El fotógrafo humanitario Joseba Etxebarria agradece a Mochileros en Tailandia su apoyo al proyecto Hacia el Sur, la vuelta al mundo en bicicleta por los Derechos Humanos.
CONDUCTA ÉTICA

Defiendo la honestidad, la equidad y la justicia como base de cualquier labor humanitaria.

Un fotógrafo humanitario debe respetar la dignidad, la diversidad y los derechos del individuo y grupos de personas.

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